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jueves, 13 de agosto de 2009

La economía de Padre de Familia


Peter Griffin es el último de una larga lista de padres televisivos estereotipados: corto de entendederas, grosero, envidioso, impulsivo, con tendencia a la bebida y que vive constantemente en el pasado. Sería fácil ignorar cualquier cosa que este hombre pudiera enseñarnos sobre el dinero o sencillamente cualquier cosa que se precie. Pero quizá sería demasiado simplista pensar de esta manera. Después de todo, fueron los “expertos” financieros más sofisticados y zalameros los que nos mantuvieron en vilo mientras la economía se estaba derrumbando sin que lo supiéramos. A la luz de este fracaso, quizá la charla directa y sincera de un verdadero padre americano es lo que realmente necesitan nuestros bolsillos; pero eso sí, siempre con el lema “haz lo contrario a lo que haga él”.

Compra basada en el valor

Peter: Espero que esto no sea un timo como la máquina para desayunar que compré.

(En ese momento Peter recuerda cuando estaba en su cocina activando la máquina para desayunar. Una bola rueda activando una serie de dispositivos que acaba en un globo atado a una cuerda atada a una pistola. La cuerda aprieta el gatillo y dispara a Peter en un brazo.)

Peter: ¡Ahhh! ¿Para qué sirve tanto chisme? ¡Lo único que hace es dispararte, no te prepara el desayuno!

El dinero es escaso durante una recesión, y muchos de nosotros empeoramos el problema gastando lo poco que tenemos en productos malos o innecesarios. El camino a la recuperación comienza aquí. Tanto si un comercial charlatán se ceba contigo como si no puedes calmar los antojos, es hora de que establezcas una nueva política: no compres nada que no necesites. Comprar algo sólo porque lo ves en una tienda y “es bonito” puede sonar ridículo pero puede convertirse en una pequeña depresión cuando llegue el extracto de tu tarjeta de crédito. Disciplínate y analiza cada compra más allá de las necesidades básicas. Busca reseñas de consumidores realizadas por personas que han usado los productos que te interesan; así podrás aprender de sus desengaños y no de los tuyos.

Peter: Te doy 40$ por ese ataúd.
Dueño de la tienda: Señor, su precio son 1.000$.
Peter: Te doy 2.000$.
Dueño de la tienda: Señor, eso es el doble de lo que cuesta.
Peter: 60$.
Brian (al dueño de la tienda): No sabe regatear.

Pero ¿qué pasa si hay algo que realmente necesitas, como un coche nuevo? En situaciones como estas, la clave es la negociación. No llegarás muy lejos usando una estrategia tan estúpida como la de Peter. Para ahorrar hasta el último dólar del precio de compra final, necesitarás armarte de toda la información relevante antes de llegar al concesionario. La pegatina con el precio no es suficiente. Para conseguir un auténtico descuento, debes saber el precio de factura, que es lo que paga el distribuidor a Ford o a Chevrolet por el coche. El espacio de negociación se encontrará entre el precio de la pegatina y el precio de factura. (También ayuda decirle al comercial al principio de la negociación que eres consciente del precio de factura y de lo que significa).

Uso responsable del crédito

(En un puesto de limonada)

Niña: Pero señor, necesito dinero de verdad, no puedo aceptar tarjetas.
Peter: ¿Ah, sí? ¿Qué estás vendiendo? ¿María, caballo, costo, metadona, coca, chocolate, polvo, crack? ¿EN MI CALLE? ¡DE ESO NADA!

La mayoría de la gente no intentaría comprar limonada a una niña con tarjeta de crédito, pero el ejemplo no se aleja demasiado de la realidad (como en los Starbucks o las cafeterías). Hoy en día, las tarjetas de crédito se usan más que nunca, y un estudio de 2008 reveló que tendemos a gastar más cuando pagamos con tarjeta que con dinero suelto. Según un reciente informe de LiveScience.com, los investigadores concluyeron que “las formas de pago menos transparentes, como las tarjetas de crédito, se suelen tratar como si fuera dinero de juguete y por tanto éste se gasta con mucha más facilidad.

[Peter ha comprado una versión erótica de un video de terapia matrimonial]

Lois: ¿49,95 dólares? ¿Estás seguro de que podemos permitirnoslo?
Peter: Lois, nuestra relación no se puede medir en tetas y pesetas… digo, céntimos y peras… en dinero.

[sale corriendo]

Además de hacer que gastes más, las tarjetas de crédito también te facilitan comprar cosas por impulso. Aunque no es nuestra labor juzgar la sabiduría de comprar un vídeo para adultos, es algo de lo que todo consumidor responsable debe ser consciente. Cualquiera que pretenda hacer un uso inteligente de su tarjeta de crédito debería tomar algunas medidas para limitar estas tendencias, como llevar tarjeta solo cuando sea necesario o rebajar los límites de las tarjetas. Resumiendo, usa sólo tarjeta en caso de emergencia o cuando de verdad tenga sentido.

Competitividad

Brian: Admítelo, Peter. Eres muy competitivo con todo
Peter: No soy tan competitivo. De hecho, soy el menos competitivo. Así que gano yo.

Curiosamente, este es uno de los aspectos de la gestión económica en los que Peter lo hace bien. Las economías prósperas disfrazan sus defectos mostrando sus ingresos y beneficios fáciles. A veces es suficiente hacerse notar para conservar tu estatus ante los ojos de los jefes o los clientes. Sin embargo, esto no es más que una manta de seguridad que se destapa durante la recesión. Debido a la reducción de costes y análisis de gastos nunca antes vista por parte de negocios y consumidores, la prosperidad continuada exige que superes a los demás competidores. Tanto si ofreces un producto superior como si consigues más objetivos en cada día de trabajo, la clave es que vean que lo estás haciendo mejor que los que te rodean.

Planes de jubilación (más aplicable a la economía americana que a la española… de momento)

“Peter: Mi padre trabajó en esa fábrica durante 60 años. Eso es casi 80 años.”

A pesar del baile de números de Peter, sesenta años es lo que suele trabajar una persona de media en toda su vida. Desgraciadamente, muchos nosotros no le damos a la jubilación la prioridad que se merece. Cada vez más, la gente no tiene dinero suficiente como para poder jubilarse a los 65, la que se consideraba la edad normal para la jubilación. Esto se debe a tres razones (o a una combinación de ambas: una mala planificación, una mala gestión o una empresa inadecuada. En cualquier caso y ahora más que nunca, la gente debe ser más proactiva a la hora de preparar su jubilación, y tener conciencia de que una mala decisión financiera hoy puede resultar en una falta de libertad financiera en el futuro.

“Peter: El plan es tan perfecto que es retrasado.”

Si quieres ahorrar para tu jubilación, en vez de desear haberlo hecho, deberías tener lo que Peter tiene, un plan. Empieza analizando tus gastos y poniéndote metas. Toma en consideración cuántos años tienes, cuándo te quieres jubilar, cuánto ganas al año y cuánto ahorras. Establece un plan realista que puedas seguir. Puede que necesites empezar con poco, y cuando empieces a ser más ambicioso con tus ahorros, aprenderás a cambiar tus hábitos de consumo. Lo fundamental es tener al menos un plan; reúne una base de ahorros y monitoriza y controla tu progreso, porque no se jubilan por accidente con una autosuficiencia económica.

Experto financiero

Brian: Peter, te has leído la letra pequeña de este préstamo?
Peter: Uhm, si por “leer” te refieres a “imaginarse a una tía desnuda”, sí, lo he hecho.

Todas las familias deberían tener a alguien de confianza para tratar los documentos legales y financieros. Una persona a la que acudir para comprar una casa o un coche, para invertir o hacer cualquier cosa que suponga un mínimo riesgo. Claramente, Peter no es esa persona. Pero su simpleza nos ilustra la importancia del escepticismo sano. Nunca se debe asumir que la otra parte de una transacción busca lo mejor para ti, porque normalmente no lo hacen. La consolidación de la deuda o la reestructuración son buenos ejemplos. Es difícil resistirse al atractivo de un pago mensual bajo, pero pregúntate a ti mismo: ¿Suena demasiado bien para ser verdad? Si la pregunta es sí, entonces estás en lo cierto. Consolidación de la deuda “rápida y fácil” significa que realizarás pagos durante más tiempo y por tanto pagarás más al final que si realizaras los pagos corrientes. Siempre investiga las implicaciones de comprometerse a un acuerdo que “suena irresistible” y (aquí viene la parte importante) está listo y disponible para cualquiera en cualquier circunstancia financiera.

Peter: No cojo cupones de pollos gigantes, no después de la última vez.

A todo el mundo le gusta un descuento, y la búsqueda de ofertas es clave para el ingenio financiero. Dicho esto, los compradores experimentados saben que muchos supuestos “descuentos” y “rebajas” no lo son. Por ejemplo, hace tiempo que se critica a los supermercados por anunciar ofertas tipo “3 por 20$”, cuando 20 dólares es el precio habitual por comprar esos tres productos. Otras tiendas afirman que normalmente venden algo por un precio determinado, pero que ahora lo están vendiendo a un precio más bajo (aunque sigue siendo alto) por un tiempo limitado. La investigación de muestra habitualmente que el producto nunca se vendió por el precio “original”, y por lo tanto la “oferta es ilusoria. Otros cupones requieren que compres más de lo que querías eliminando así el ahorro. La única forma de saber si una oferta vale la pena es comparar precios y asegurarse del precio “original” real del producto en cuestión.

Reducir costes innecesarios

Peter: Vamos, chicos. Voy a comprar la comida más cara que haya.
Peter (al altavoz de un restaurante): Sí, quería 6.000 fajitas de pollo, por favor.
Altavoz: ¿Cómo ha dicho?
Peter: 6.000 fajitas de pollo.
Brian: Y una salchicha McBiscuit, por favor.

La mayoría de las familias sólo incluyen los supermercados cuando establecen el presupuesto para comida. Así se podrían dejar fuera gastos importantes como en las máquinas expendedoras, en cafés, en snacks, y sí, en comida rápida. Es típico advertir sobre este tipo de gastos, pero a veces lo típico tiene razón. Darte una palmadita en la espalda porque “sólo” has gastado 150 dólares a la semana en el supermercado para alimentar a tu familia sería engañarte a ti mismo sobre el verdadero gasto en este aspecto. Y aunque asumimos que el típico lector no pedirá miles de fajitas, muchos de nosotros podríamos pararnos más a analizar y restringir nuestros gastos en comida de fuera.

Independencia económica

Peter: Hey, ¿alguien tiene un cuarto de dólar?
Bill Gates: ¿Qué es un cuarto de dólar?

Una de las racionalizaciones más habituales para no ahorrar o invertir es: “no gano suficiente dinero”. Ciertamente, el razonamiento continúa con que cualquier cantidad ridícula que puedas apartar en una semana no llegará a nada. Pero así se ignora la verdadera cuestión del asunto, sobre todo si eres joven. Lo importante no es tanto que puedas empezar ahorrando 500 dólares a la semana (aunque no haría daño), sino que empieces. Haya o no recesión, la mayoría de la gente ve aumentar sus ingresos a lo largo de su carrera hasta la jubilación. Poco a poco podrás ahorrar cada vez más. ¿Pero es posible que ahorres más una vez que lo tienes si no empiezas ya con el hábito de ahorrar? Los ahorros deberían ir paralelos a los ingresos, en vez de posponerlos hasta que los ingresos percibidos sean lo bastante altos como para apartar una cantidad para los ahorros.

Peter: Chicos, se acabaron nuestros problemas económicos; ya cobramos oficialmente el paro. Vamos, ayudadme a dejar la chatarra por el jardín.

No hagas caso del enfoque de Peter Griffin para resolver tus “problemas económicos”. En cambio, adopta la mentalidad de empezar ahorrar e invertir cualesquiera que sean los recursos que poseas. La única excepción es si estás en deuda, en cuyo caso, sáldala primero. Un programa de inversión ahorro coherente y bien planeado debería minimizar tus necesidad de depender de los demás (amigos, familia, o el Tío Sam) en momentos de apuros económicos.

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